JUAN PUNDIK EN MÁLAGA

 

HIPERACTIVIDAD: FAMILIA CONTEMPORÁNEA

Buenas tardes:

Agradezco a Antonia García Lozano, Responsable de la Red Cereda de Málaga, a Ricardo Acevedo, Responsable de la Biblioteca de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de Málaga por su invitación y a todos vosotros, por haberos interesado en venir a escucharme.

Constituye un múltiple honor haber sido designado para pronunciar esta conferencia hoy aquí. Por haber sido elegido para ello por mis colegas, por el prestigioso lugar, este Salón de Actos del Rectorado de la Universidad de Málaga y porque me considero malagueño por adopción, ya que desde que hace 32 años llegué a España, exiliándome de la dictadura militar Argentina, la provincia de Málaga ha sido mi segunda residencia, donde paso alrededor de 40 días de vacaciones al año, períodos que he aprovechado en los últimos años para dar forma final a cada uno de los libros que he ido publicando.

Soy psicoanalista de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, me dedico a la consulta individual de pacientes desde hace más de 40 años, desde hace 32, en Madrid. Hace 31 años fundé en Madrid FILIUM, la Asociación para la Prevención del Maltrato al Niño, que presido, y hace dos años, constituí la Plataforma Internacional contra el Prozac y la medicalización de la infancia, desde la cual estoy peleando en Bruselas contra la corrupción a la que la industria farmacéutica tiene sometida a la Comisión Europea y a la Agencia Europea del Medicamento, a las que he denunciado ante el Parlamento Europeo, el cual ha abierto expediente con esa denuncia.

El tema de la familia ha estado siempre en mi interés y de alguna manera ha sido el eje de mi militancia en España, desde hace 31 años, al fundar FILIUM, Asociación para la prevención del maltrato al hijo, en 1977.

Justamente por mi conocimiento del tema y en consecuencia, de su complejidad, he permanentemente evitado entrar de lleno en él, hasta que el título elegido por los organizadores me ha obligado a ello.

Cuando los occidentales hablamos de la familia, hablamos de nuestra familia, institución existente en una parte muy minoritaria de una población mundial de 6.500 millones de habitantes. Ni siquiera nos planteamos cuál va a ser el destino de nuestra civilización, ante otras mucho más numerosas en población.

Diré algunas cosas acerca de esta familia occidental, la de Freud, la de Lacan y la nuestra. Aprovecharé esta ocasión para rendirle un homenaje a un amigo, a un malagueño de pro, a un colega prematuramente fallecido hace dos años, a nuestro querido Jose Antonio Naranjo, parafraseando, casi plagiando su intervención en Sevilla, el 12 de noviembre del 2004, titulada, La familia hace síntoma, en la que comenzó estableciendo que el psicoanálisis, al ser un discurso, tiene una posición sobre la familia, distinta a la de otros discursos, y entre otros discursos con los que mantiene una diferencia, se encuentra la biología.

Se trata de una creación cultural con la que cada familia pudo y tuvo que resolver las incertidumbres de la vida con los medios que estaban a su alcance en cada momento histórico. La adopción y el acogimiento, han sido procedimientos generados desde siempre para solucionar el problema de niños abandonados o de familias a las que la esterilidad condenaba a su extinción.

Actualmente, las familias monoparentales, la adopción por parejas homosexuales, la ciencia y el derecho han vuelto a la familia irreconocible. La reproducción asistida, ha vuelto prescindible al hombre, basta su esperma, incluso el de un hombre muerto tiempo ha, prescindible también la madre, en tanto existen los vientres de alquiler, teniendo los jueces a veces que dictaminar quién es el padre o la madre. En la medida que es en la familia donde el infans traba sus primeros vínculos, constituyéndose ésta en el primer nombre del Otro, no podemos soslayar que las características de la familia contemporánea son el resultado de estas mencionadas complejas causas.

Pero el bebé, sólo tiene tres respuestas estructurales para enfrentar lo real: neurosis, psicosis y perversión. El individuo sólo puede optar por una de estas tres estructuras clínicas. De modo que a lo más y mejor que podemos aspirar es a una estructura neurótica lo mas compensada y satisfactoria posible.

El problema con el que se encuentra el bebé es que para acceder a esa estructura neurótica lo más compensada y satisfactoria posible, tiene que acceder a la metáfora paterna constituida por el deseo de la madre, un deseo que no sea anónimo, y al nombre del padre, condiciones no fáciles de cumplir en esta nueva familia contemporánea a la que he hecho mención.

Es en la familia donde el sujeto debería encontrarse con la Ley, con el nombre del padre, una Ley que incluye un sí y un no, modo en que ese sujeto reúne los dos requisitos necesarios para el conflicto sintomático. Un sí al goce y un no a con la madre. El sujeto debe salirse de ese Otro familiar para realizar ese goce en una pareja fuera de lo familiar, con el riesgo de llevarse la familia a la pareja.

Lacan nos enseñó que padre y madre son funciones, la de la madre, la de que sus cuidados lleven la marca de un interés particularizado, aunque sólo fuese por la vía de sus propias faltas, la del padre, en tanto que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo. El síntoma del niño se encuentra en el lugar desde el que puede responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar. El síntoma del niño representa lo que es la pareja en la familia.

De manera que para el psicoanalista, los comportamientos del niño, a veces molestos para él mismo, a veces para la familia y otras para sus docentes, tienen causas. Esas causas las vamos a intentar descubrir escuchando al niño y a sus padres. No etiquetamos y mucho menos medicamos. Intentamos ayudar a resolver los conflictos.

He venido interesándome, estudiando, experimentando y escribiendo sobre Hiperactividad y TDAH desde que este diagnóstico y su medicalización fueron cobrando fuerza y difusión y adquiriendo estado público en Madrid, hace aproximadamente diez años.

En los últimos veinticinco años han ido ganando terreno, en los medios médicos en general y pediátricos y psiquiátricos en particular, de los Estados Unidos de Norteamérica, nuevas maneras de considerar, diagnosticar y tratar a los niños a los que se les atribuyen graves problemas de atención y de conducta. El DSM-IV, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, los define como trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Sería una inútil pérdida de tiempo y muy aburrido recordar aquí los arbitrarios criterios elegidos con los que diagnostican como patológicas las habituales conductas de niños que reaccionan ante los conflictos familiares y escolares.

Autodenominándose el DSM, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, y no existiendo una definición precisa de este concepto, los autores establecieron la siguiente: “Un trastorno mental es un síndrome o un patrón comportamental psicológico de significación clínica, que aparece asociado a un malestar, a una discapacidad o a un riesgo significativamente aumentado de morir, sufrir dolor, discapacidad o pérdida de libertad”. Paradójicamente, es la aplicación del DSM la que está actualmente poniendo en riesgo la libertad del sujeto y su derecho al malestar. Por ejemplo, su derecho a deprimirse como parte del proceso para elaborar una pérdida o a distraerse y no prestar atención en el colegio cuando se siente invadido por una situación conflictiva que lo que requiere es resolución y no medicación.

Al definir el trastorno mental como un síndrome comportamental, el DSM se constituye en un manual de diagnósticos y tratamientos de orientación cognitivos conductuales y medicamentosos, y ése es el resultado más concreto y específico de su aplicación, que ha conducido a que actualmente, en los Estados Unidos, seis millones de niños estén medicados con metilfenidato (Ritalin-Rubifen-Concerta).

El DSM-IV ha dejado de ser estrictamente el manual estadístico y diagnóstico inicial para constituirse en el manual de psiquiatría generalizado, no sólo para uso de psiquiatras sino de médicos generalistas y de familia, personal sanitario en general, psicólogos y pedagogos.

La sociedad neoliberal globalizada necesita evaluarnos y cuantificarnos en nuestros actos, nuestras conductas, nuestros discursos, nuestros pensamientos y padecimientos, para así poder clasificarnos y controlarnos violando nuestra intimidad y libertad, nuestros derechos y dignidad.

Para ello, nada mejor que aprovechar las nomenclaturas clasificatorias del DSM e irlas ampliando continuamente de manera de responder al surgimiento continuo de situaciones que aún no estén contemplados en las mismas. El objetivo del DSM de abarcar todo fenómeno es explícito y así lo establece en la presentación en la que especifica que: “Es imposible que la nomenclatura diagnóstica abarque cualquier situación posible. Por este motivo, cada clase de diagnóstico cuenta por lo menos con una categoría no especificada y algunas clases en particular incluyen varias categorías no especificadas”. Con el indudable objetivo de que ninguna conducta humana escape a la posibilidad de ser diagnosticada, tratada y medicada.

Este abordaje permite a la “falsa ciencia” prescindir de toda singularidad y borrar toda la subjetividad del individuo sometiéndolo a un cuestionario “para todos”, en el que debe hacer cruces en casilleros, para luego pretender definir la generalización de su padecimiento indicando por ejemplo: siempre, frecuentemente, a veces, nunca. Cuestionario para cuya lectura no se requiere de sujeto alguno, ya que la ejecuta el programa del ordenador. El sujeto es transformado así en objeto para ser diagnosticado, e incluso medicado, por otro objeto: el ordenador. El objetivo de la “falsa ciencia” al servicio del poder es la eliminación de la subjetividad. El sujeto es transformado en objeto destinado a ser diagnosticado, clasificado y medicado por otro objeto.

El DSM-I, que en 1968 contenía la descripción de 119 conductas diagnosticables como patológicas, las ha ampliado en la edición del DSM-IV a 886 e incluye, entre ellas, algunos comportamientos tan generales que cualquiera puede ser encuadrado en sus diagnósticos y ser en consecuencia medicado, incluso de por vida. Es el caso de la prescripción de Prozac (fluoxetina) y Rubifen y Concerta (Ritalina). Tal es lo que actualmente ocurre con diagnósticos tales como TDAH o depresión, entre muchos otros. Para ello, no se requieren pruebas médicas “objetivas” de ninguna naturaleza. A pesar de lo cual, miles de millones de dólares en drogas psiquiátricas son recetadas, cada año, para “tratar” manifestaciones como éstas que incluyen conductas que los psiquiatras de la American Psychiatric Association votan para incluirlos en el DSM.

Ello a pesar de que en una declaración de setiembre de 2003, la propia American Psychiatric Association reconoció que: “La ciencia del cerebro no ha alcanzado el nivel suficiente que les permita a los científicos y clínicos señalar las lesiones patológicas o las anormalidades genéticas que sirvan como biomarcadores fiables de la existencia de una enfermedad mental dada”. La inexistencia de biomarcadores, debería conducir a la científica conclusión de que esos síntomas no tienen evidentemente causas biológicas o somáticas.

La investigadora Nancy C. Andreasen, en un libro editado por Oxford University Press, hace notar la amplia utilización actual por la medicina, de las técnicas de imágenes como resonancia magnética nuclear, tomografía axial computarizada y tomografía por emisión de positrones. Y señala que a pesar de la publicidad mediática que se difunde a través de la literatura médica, el valor de la información por imágenes para detectar auténticas lesiones cerebrales es dudoso. En ciencia neurológica un biomarcador puede ser la fisiopatología, la histopatología o la presencia de microorganismos patógenos en el sistema nervioso. Los biopsiquiatras reconocen que no pueden demostrar ninguno de estos biomarcadores en los trastornos que describe el DSM.

Pero los intereses económicos y la corrupción tienen totalmente invadido este tema. Un estudio publicado en abril de 2006 en Psychotherapy and Psychosomatics reveló la relación entre los laboratorios y el DSM . Lisa Cosgrove, psicóloga de la Universidad de Massachussets, y Sheldon Krimsky, profesor en la Universidad Tufts, realizaron un estudio publicado bajo el título de Nexos Financieros entre los Miembros del Panel del DSM-IV y la Industria Farmacéutica . El estudio reveló que el 100 por ciento de los “expertos” del panel sobre trastornos de la personalidad del DSM, tenían vínculos económicos-financieros con la industria farmacéutica.

Según ese estudio, los “trastornos de la personalidad”, entre los cuales incluyen la “depresión”, el trastorno “bipolar” y la “esquizofrenia”, son tratados con un volumen tal de fármacos que, sólo en los EEUU en 2004, las ventas de antidepresivos ascendieron a más de 20 mil millones de dólares y las de neurolépticos a más de 14 mil millones de dólares y que en 2003, la industria farmacéutica le pagó a la revista de la American Psychiatric Association 7,5 millones de dólares en concepto de publicidad, y que posteriormente esa cantidad fue incrementada en un 22% hasta llegar a la suma de 9,1 millones de dólares en 2004.  

La medicalización de la infancia es un problema de primerísimo orden que afecta nuestra salud psíquica, física y moral, nuestra libertad, dignidad y derechos, la ecología, la economía y la democracia. Medicalización es un neologismo que intenta subrayar el exceso de medicación, la medicación inadecuada y/o innecesaria.

Una gran parte de las decisiones de la FDA ( Foods & Drugs Administration de EEUU), de la EMEA (Agencia Europea del Medicamento) y de todas las Agencias Nacionales del Medicamento que siguen sus dictámenes, son antijurídicos, ilegales, y corruptos por estar estas instituciones vendidas a la industria farmacéutica. Por este motivo han tenido que renunciar funcionarios de la FDA, por eso el Senado Norteamericano ha intervenido la FDA, por eso he constituido la Plataforma Internacional contra el Prozac y la medicalización de la infancia , que cuenta ya con cerca de tres mil adhesiones y por eso me he hecho presente en Bruselas ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo,  a raíz de haber denunciado a la Comisión Europea ante dicho Parlamento  por corruptelas, falta de respeto a los sistemas jurídicos democráticos y falta de transparencia. Asimismo, he solicitado al Parlamento que intervenga la EMEA (Agencia Europea del Medicamento) e investigue las autorizaciones concedidas a la industria farmacéutica para comercializar sus productos sin investigaciones independientes y por la mera solicitud del laboratorio fabricante.

Mis denuncias fueron motivadas por el dictamen favorable de la Agencia Europea del Medicamento (EMEA) a la solicitud de los laboratorios Lilly de autorización para administrar Prozac (fluoxetina) a menores, a partir de los 8 años, lo cual estaba prohibido tal como consta en el prospecto del propio laboratorio fabricante. Mis razones, alegaciones y solicitudes y los detalles de todo este proceso están descriptos en la documentación que podéis consultar en nuestra página web: http://www.filium.org

Los actos de los laboratorios farmacéuticos y de los responsables de las administraciones sanitarias a nivel mundial, nacional y local transgreden las legislaciones nacionales de todos los países democráticos y en particular, la Convención Internacional de los Derechos del Niño, ratificada por todos los estados del mundo salvo dos. Si no bastaran estas alegaciones, sumadas a la información de los textos de la Plataforma, podría llegar a escribir un libro sobre el carácter delictivo de estas situaciones. Es un campo que compete, no sólo a psicoanalistas médicos y profesionales de la salud y de la educación, sino también a los abogados y jueces que son los deben intervenir ante tanta corrupción y violación de las normas y en defensa de los niños que no pueden hacerlo por sí mismos, pero también en defensa de sus desorientados y engañados padres, y de la población en su conjunto, cuya vida se está transformando en una vida medicada, como consecuencia de una sociedad de mercado que intenta modificar nuestra condición de sujetos y ciudadanos y transformarnos en meros consumidores, incluso de muchos medicamentos innecesarios, inadecuados y a veces hasta mortíferos.

“En los países desarrollados, la obsesión de una salud perfecta se ha convertido en un factor patógeno predominante. El sistema médico, en un mundo impregnado por el ideal instrumental de la ciencia, crea sin cesar nuevas necesidades de asistencia. Cuanto mas grande es la oferta de salud, mayor es la respuesta de la gente apelando a que tienen problemas, necesidades o enfermedades. Cada uno exige que el progreso ponga fin a los sufrimientos del cuerpo, mantenga el mayor tiempo posible el frescor de la juventud y prolongue la vida hasta el infinito. Ni vejez ni dolor ni muerte.” Esto fue escrito por Iván Ilich, un precursor del cuestionamiento de lo que él denominó, hace más de 40 años, la expropiación de la salud , como subtítulo de su libro titulado, Némesis Médica. Comenzaba su Introducción afirmando que,"La medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave amenaza para la salud".

Esto ha conducido a que la mayor amenaza sanitaria no sea el cáncer, ni el SIDA, ni la enfermedad de las vacas locas, ni la gripe aviar, sino la industria farmacéutica y las administraciones y organismos sanitarios corruptos que pretenden medicalizar nuestros comportamientos cotidianos diagnosticándolos como trastornos mentales y medicándolos como enfermedades mentales.

Ya en los 70, Ilich reclamaba la laicización del templo de Esculapio, para desligitimar los dogmas religiosos de la medicina moderna a los que las sociedades industriales, de izquierda a derecha adhieren, agregando que el monopolio médico sobre la asistencia a la salud se ha expandido sin freno y ha coartado nuestra libertad respecto a nuestro propio cuerpo al punto de llegar a dejar de ser propio.

Hemos delegado la educación de nuestros hijos a las instituciones perversas que constituyen la retrógrada escolaridad, destinada a aparcarlos, someterlos, atontarlos, desvalorizarlos, atemorizarlos y denigrarlos para que estén en condiciones de ser sumisos y obedientes ciudadanos a las órdenes del amo de turno. De la misma manera, también hemos delegado en los médicos y los funcionarios sanitarios el derecho exclusivo e incuestionado de determinar que es una enfermedad, quién está enfermo, quién está bajo riesgo de enfermar y a qué procesos se lo someterá.

La supuesta asistencia sanitaria, se ha constituido en una ingeniería empresaria productora de yatrogenia, es decir de enfermedades, con la excusa de reemplazar nuestra capacidad de supervivencia y de desempeño de nuestras funciones, mediante manipulaciones técnico-médicas supuestamente científicas.

Una de las estrategias de los laboratorios farmacéuticos más denunciadas en los últimos años es la promoción de enfermedades que consiste en convencer a las personas sanas de que son enfermos que lo ignoran, ampliando al máximo posible las fronteras de lo patológico para incluir en el diagnóstico de enfermedad al mayor número de personas y así constituirlos en consumidores de medicamentos de por vida. Este proceso se cumple transformando las vicisitudes de la vida cotidiana como pueden serlo el insomnio, la tristeza, las dificultades para el aprendizaje o para concentrarse en una tarea, las contracciones en las piernas o las complejidades de la vida sexual diagnosticándolas como enfermedades: déficit de atención con o sin hiperactividad, depresión, síndrome de piernas cansadas, disfunción sexual. Lo más perverso de esta estrategia es el generalizado proceso de medicalización al que esta siendo sometida la infancia, extorsionando a los padres, adoctrinando a médicos, psicólogos, personal sanitario y docentes a una edad en que niños y adolescentes no está en condiciones de rebelarse contra la medicación. Otra modalidad de esta promoción es intentar confundir factores de riesgo con enfermedades. Ese proceso está particularmente presente en la continua disminución de los índices determinados para la prescripción de tratamientos para la presión arterial, el colesterol y la osteoporosis. Bajo el título, Lo que nos está enfermando es la epidemia diagnóstica, un equipo médico estadounidense llamó la atención de las autoridades acerca de este problema. (New York Times 02.01.07). Los autores concluyen que: “Para la mayor parte de los americanos, la amenaza sanitaria de mayor riesgo no es la gripe aviar, el virus West Nile o la enfermedad de las vacas locas. Es nuestro sistema de sanidad”.

En abril de 2002, George W. Bush nombró una comisión de expertos, la “New Freedom Comisión on Mental Health (NFC)” con la misión de investigar la situación de la salud mental en el país. Su informe fue que: “del 5 al 9 % de los niños sufren un problema emocional agudo” índice estadístico que significó un diagnóstico que incluía a más de 4.000.000 de niños menores de 14 años en situación de riesgo. El informe recomendaba un examen médico preventivo sistemático en los colegios y fue puesto en marcha por el plan de salud mental de julio de 2004. Un programa, basado sobre el modelo creado por la universidad de Columbia y bautizado “Teen screen”, rastreó en los alumnos señales de alerta de seis supuestas enfermedades mentales que incluían fobia social, ataques de pánico, estado de ansiedad generalizado, depresión mayor, abuso de alcohol y de drogas e impulsos suicidas. El vínculo entre los promotores del programa y los laboratorios farmacéuticos ha sido denunciado con la fundada sospecha de que esos chequeos preventivos han sido programados y subvencionados por la industria farmacéutica con el objetivo de ampliar el consumo de medicamentos en la infancia. Sospecha que se ha confirmado ante los resultados de estas campañas.

El test “Teen screen”, destinado a los niños a partir de los nueve años, se presenta bajo la forma de un cuestionario con catorce preguntas que deben ser respondidas por el niño en diez minutos y seguido, a continuación, de una entrevista. Entre las preguntas planteadas encontramos: “Durante los últimos tres meses, ¿te has sentido a menudo muy nervioso cuando debías hacer algo delante de otras personas?” ó “ ¿Has sentido que no podías hacer nada correctamente o que eras menos guapo o inteligente que los demás?” o incluso “¿Con qué frecuencia tus padres se han sentido molestos o preocupados a causa de lo que sentías o del modo en que te comportabas?”. El Teen screen fue aplicado sin autorización paterna. Ante las protestas y denuncias suscitadas por esta práctica, se comenzó a exigir el consentimiento paterno. En 2005, fueron sometidos a estos tests 55.000 niños en 42 estados. El caso de Chelsea Rhodes, de 15 años, ha alimentado la crónica judicial producida por la denuncia de sus padres. La niña, testada sin el acuerdo de sus padres fue diagnosticada de sufrir TOC, Trastorno Ansioso Social, con prescripción de medicación, por haber respondido que no le gustaban mucho las fiestas y que prefería quedarse a hacer la limpieza de su casa.

El creador de Teen Screen, doctor David Shaffer, ha sido consultor para Roche, Wyeth, GlaxoSmithKline y Pfizer y experto al servicio de varios otros laboratorios farmacéuticos. La Fundación americana para la prevención del suicidio (AFSP) que él dirigía, recibía subvenciones de varias firmas farmacéuticas. Laurie Flynn, Directora del programa Teen Screen, dirigía anteriormente la National Alliance on Mental Illness, que habría recibido mas de 11 millones de dólares en subvenciones de laboratorios entre 1996 y 1999. Consultar la web: http://www.teenscreentruth.com/teenscreen-key-players.html

En 1990, había menos de un millón de diagnósticos de hiperactividad entre los niños de los Estados Unidos. Hay más de cinco millones actualmente. Entre 1991 y 2003, el número de prescripciones de anfetaminas a los niños aumentó un 500 % . Entre 1995-96 y 2001-2002, la prescripción de antipsicóticos a los niños se ha multiplicado por cinco, alcanzando 5,7 millones de prescripciones, el 53 % de ellas fueron recetadas para problemas de comportamiento o problemas afectivos.

Tal como lo explicó Ilich, la medicina institucionalizada actual es una estrategia para que los que sufren las consecuencias de esta sociedad perversa crean que están enfermos y que necesitan una reparación técnica. En la medida que han surgido sectores de la población que desconfían de esta medicina, de estos médicos, de los hospitales y de la industria farmacéutica, estos han reacccionado desde el poder prohibiendo las medicinas alternativas y la difusión de hierbas medicinales cuyo poder preventivo, regenerativo y curativo se remonta a la histórica sabiduría de la especie adquirida a través de los miles de años de experiencia.

Ilich concluye su Introducción a Némesis Médica, señalando el impacto incapacitador de la ideología médica institucionalizada sobre los individuos que ha hecho que el malestar, el dolor, la invalidez y la muerte dejen de ser un desafío y una batalla personal a librar con todas las energías vitales potenciales de las que el ser humano dispone. A continuación, procedió a demostrarnos que sólo un programa político que limite el monopolio médico de la salud, puede permitirle a cada uno recuperar sus poderes para sostener estas batallas en defensa de su equilibrio psicosomático. Ilich afirmó que la medicina oficial pretende que nazcamos en el hospital, vivamos en el hospital y muramos en el hospital y que nosotros debemos intentar nacer , vivir y morir en casa.

El término medicalización constituye un neologismo destinado a subrayar el exceso, inadecuación o sobremedicación al que pretenden someternos. Este proceso se cumple porque hay médicos que lo ejecutan siguiendo indicaciones de la industria farmacéutica que cuenta además con la complicidad de los funcionarios sanitarios que legalizan la administración de esos medicamentos en la infancia y la adolescencia, como los de la Agencia Europea del Medicamento y la FDA de los EEUU. Los datos que me permite denunciarlos, en cambio, están tomados de las más prestigiosas revistas médicas del mundo y de la labor de todos los médicos, que haciendo honor a su profesión, a su condición humana, a sus compromisos con sus pacientes y con el conjunto de la sociedad, nos brindan permanentemente, con sus denuncias, la información sin las cuales no podría en este momento estar haciendo estas consideraciones documentadamente. La medicalización de la vida cotidiana y de la infancia también denigra a los médicos porque los aparta de lo que debiera ser el auténtico ejercicio de su profesión e intenta transformarlos en agentes de venta de los laboratorios farmacéuticos.

La medicalización de la infancia es un proceso contemporáneo. Actualmente en España, donde no se elaboran muchas estadísticas, se calcula que un 10% de la población infantil podría estar siendo medicada con metilfenidato, antidepresivos, antipsicóticos, tranquilizantes, antiepilépticos y otras drogas similares. Sin contar con que la OMS advierte permanentemente a las autoridades sanitarias españolas acerca de un exceso de consumo de antibióticos y antihistamínicos. Millones de niños "hiperactivos" de generaciones anteriores, sanos, pero que dábamos más trabajo a los adultos y maestros por nuestra curiosidad, nuestro interés y la intensidad de nuestra actividad, nos hemos salvado de ser diagnosticados y drogados porque el DSM no apareció hasta 1952.

Según denuncia el British Medical Journal , todos los procesos normales de la vida, nacimiento, envejecimiento, sexualidad, tristeza, infelicidad y muerte, están siendo sometidos a permanente medicación. Este fenómeno es designado como disease mongering, "promoción de enfermedades". El cansancio, el mal humor, la desgana, la falta de concentración, la timidez, la inapetencia sexual, la impaciencia, las dificultades para relacionarse con la gente, internet, las consolas, la play station, pueden recibir una descripción terminológica médica y ser diagnosticadas como enfermedades para las cuales existe el correspondiente fármaco.

La complejidad de establecer el límite entre lo normal y lo anormal utilizando el DSM, se ha hecho cada vez más difícil y se presta cada vez más a una arbitrariedad diagnóstica peligrosa. Los americanos han declarado "trastorno" la adicción a la computadora, al chat, a la cirugía estética, sin ponerse límites en diagnosticar comportamientos, porque se ha constituido en un negocio muy lucrativo del cual forman parte importante los seguros médicos. El mantenimiento y la proliferación de criterios ya no es obra de especialistas, sino de grupos de poder económico que exigen diagnósticos proponiendo además cursos de capacitación para que cualquiera pueda llevarlos a cabo.

Como en los platos de comida de las cartas de los restaurantes chinos, cada una de estas descripciones clasificatorias del DSM tienen un número. Así, el retraso mental leve es un F70.9, el trastorno de la lectura es un F81.0, el tartamudeo es un F98.5, el trastorno negativista desafiante es un F91.3, el trastorno de ansiedad por separación es un F93.0, la dependencia a la nicotina es un F17.2x, el deseo sexual hipoactivo F52.0, las pesadillas son un F51.9, la simulación es un Z91.1, los problemas religiosos o espirituales son un Z71.8, los trastornos del estado de ánimo no especificado un F39, fingir un trastorno F68.1, los problemas paterno-filiales son Z63.8, los problemas conyugales Z63.0, los de relación entre hermanos los F93.3. Todos estos trastornos tienen tratamiento cognitivo conductual y especialmente medicamentoso. Antes de discutir con sus familiares, entrar en crisis religiosa, que se le note un tartamudeo o inapetencia sexual, será mejor que se lo piense, porque corre el riesgo de que alguien con la Biblia DSM en mano, esté presto a diagnosticarlo, tratarlo y medicarlo. Y si viviera en USA y se resistiera a que su hijo fuera drogado con metilfenidato podría ser privado de la tutela de sus hijos. Hay jurisprudencia al respecto. Corremos el riesgo de estar alcanzando Un Mundo Feliz, tal como lo predijeran Aldous Huxley y George Orwell en 1984.

Los medicamentos más vendidos actualmente en USA incluyen antipsicóticos como la risperidona, la quetiapina, la olanzapina, el aripiprazol y la ziprasidona, y actualmente son prescriptas a más de medio millón de niños, con la justificación de ayudar a sus padres a manejar problemas de comportamiento, a pesar de sus riesgos y de que no han sido aprobadas para ser usadas en menores.

El malestar del ser humano es señal de alarma de su psiquismo de que hay algo de lo emocional que debe afrontar y resolver y que se manifiesta como ansiedad, depresión, angustia y estrés, en sus diferentes denominaciones, y que es lo que puede provocar disminución de la presencia activa de dopamina, de noradrenalina o de serotonina, esta última un regulador de una extensa gama de funciones psíquicas y orgánicas que influye en el sueño, en los estados de ánimo, las emociones, los estados depresivos, todo tipo de desequilibrios mentales, el funcionamiento vascular, el de las vísceras y los músculos, la frecuencia del latido cardíaco y regula la secreción de hormonas como los estrógenos, testosterona y la del crecimiento. Se ignora qué consecuencias puede acarrear su ingestión en la pubertad, en el crecimiento y a las manifestaciones del desarollo sexual. La Comisión Europea reconoce que hasta un 90 por ciento de todos los fármacos autorizados, nunca han sido evaluados para su consumo infantil, lo cual corrobora la realidad de que los niños no participan en los ensayos previos a la comercialización. Sin embargo, una vez en el mercado, éstos se administran en la infancia sin prever las mayores y riesgosas reacciones adversas que puedan llegar a provocar en sujetos tan diferentes a los adultos.

La propuesta que hacemos es escuchar al sujeto, descifrar las causas de la ansiedad, angustia, depresión o estrés y dirigirlo a su elaboración y resolución. Intentar resolverlo recetando ISRS es como intentar eliminar el miedo con un inhibidor de adrenalina. El TDAH no es una entidad nosológica, es una descripción de conductas. No existe prueba de que los niveles de serotonina, dopamina o noradrenalina tengan relación con esas conductas ni que el metilfenidato las mejore.

En lugar de lo que para el psicoanálisis es el sujeto, con su particular relación al deseo, al goce y a sus objetos, el DSM establece una clínica de los trastornos y la pone en manos de profesionales a los que se les concede autorización para decidir cuáles de nuestras ideas o conductas deben ser rotuladas, diagnosticadas, tratadas, medicadas e incluso drogadas. El sistema democrático tan trabajosamente conquistado corre el riesgo de estar dando paso, muy veladamente, a un nuevo tipo de estado totalitario que pretende clasificarnos en adicto, angustiado, depresivo, fóbico, anoréxica, bulímica, atacado de pánico, bipolar, asmático, epiléptico, hiperactivo, etc., borrando así de un plumazo todos los derechos y libertades individuales, por cuya consecución han luchado e incluso sacrificado sus vidas generaciones enteras de seres humanos que sentaron las bases de la sociedad en la que vivimos.

El Director de la Oficina de Seguridad de los Fármacos de los Estados Unidos, David Graham, ha denunciado la intimidación de la que ha sido objeto por sus informes negativos respecto a ciertos medicamentos, como el antiinflamatorio Vioxx, que ha sido consumido por millones de personas, al que le atribuyeron 30.000 muertes y 139.000 pacientes a los que ha producido afecciones coronarias hasta que Merck-Sharp & Dome retirara el producto del mercado. Las demandas de indemnizaciones contra el fabricante ascienden a más de quince mil millones de euros, sólo en Estados Unidos, y ya se han producido sentencias que obligan a la farmacéutica a pagar indemnizaciones millonarias a sus víctimas y sus deudos.

La fiscalizadora FDA está siendo fiscalizada por varias comisiones del Senado que investigan su eficacia. El escándalo provocado por los efectos secundarios graves de medicamentos a los que ha tenido que cancelar la autorización concedida, prohibir su comercialización y exigir su retirada del mercado, como han sido los casos del Vioxx (Merck, Sharp & Dome), del Cholstat (Bayer), del Redux y del Ponderal (Servier), confirma la denuncia del doctor Graham, hace sospechosa la "irresponsabilidad" de su superior, el doctor Galson, pero ratifica además la afirmación inicial del primero, de que la FDA es incapaz de proteger a los Estados Unidos de la desidia y voracidad de la industria farmacéutica ¿Serán capaces las administraciones sanitarias de nuestros países de protegernos de esa desidia y esa voracidad? ¿Será capaz la Agencia Española del Medicamento de protegernos de esos riesgos?

Ya en el siglo pasado, un médico ilustre, Michel Balint, escribía que "el principal medicamento que un médico receta es a sí mismo". Son minoría los médicos que continúan otorgándole valor a esa aseveración. Por la misma época, Aldous Huxley, con una visión de futuro quizás más realista, anticipando la deshumanizada sociedad que ya se perfilaba, escribía que "la medicina había avanzado tanto que ya nadie sería considerado sano". Confirmando este lamentable pronóstico, a principios del siglo XX un médico francés llamado Knock, pregonaba que "toda persona sana es un enfermo que ignora que lo es".

Los seres humanos, lógicamente, no queremos envejecer ni asumir la inevitable disminución de facultades que el avance de la edad trae aparejadas. Por ello, cual modernos Ponces de León, somos fáciles candidatos a que nos timen ofreciéndonos pócimas de eterna juventud. Al precio del mismo riesgo en el que incurrió el conquistador español, y descubridor de lo que hoy es la península de Florida, en los Estados Unidos, Juan Ponce de León, que en su aventurera búsqueda de la fuente de la eterna juventud, encontró prematuramente la muerte que le produjo la flecha de un indígena. Que nos sirva de lección.

En junio del 2006, los medios informaron del dictamen favorable de la EMEA, Agencia Europea del Medicamento, para administrar Prozac en la infancia, lo cual hasta ese momento estaba prohibido. Procedí entonces a la constitución de la Plataforma Internacional contra el Prozac y la medicalización de la infancia. Con las primeras 50 adhesiones que recibí en respuesta a mi convocatoria, envié la primera carta al Presidente de la Comisión Europea, Juan Manuel Durao Barroso. Al no obtener respuesta alguna reiteré el texto en julio, agosto, setiembre, octubre y noviembre. En noviembre recibí respuesta  a través de Martín Terberger, Jefe de la Unidad de Productos Farmacéuticos de la Dirección General de Industria y Comercio de la Comisión Europea justificando la legalidad y validez científica del dictamen de EMEA. Existiendo una Dirección General de Salud Pública, esa respuesta y evaluando las argumentaciones y reglamentaciones alegadas, me parecieron que constituían un ejemplo de corruptela y falta de transparencia de la Comisión Europea. Así lo denuncié al Presidente del Parlamento Europeo, Joseph Borrell. Este abrió a trámite la denuncia y la derivó a la Comisión de Peticiones con nº de expediente 761/2006. Dicha Comisión citó a una audiencia de explicaciones y alegaciones, a la Comisión Europea, a los europarlamentarios y a mí, para el día 22 de noviembre de 2006 en Bruselas, en el hemiciclo de la Comisión. El expediente de mi denuncia permanece abierto. Pero más importante que las decisiones que tomen los organismos oficiales es que hayamos podido constituir una Plataforma Internacional que trabaje en la constitución de un movimiento ciudadano que ayude a clarificar a los padres que no deben medicar a sus hijos por sus conductas, y asimismo a los pediatras y a los docentes.

¿Qué otra posibilidad a nuestro alcance tenemos los psicoanalistas ante tanta perversión generalizada? Ninguna que nos garantice éxito alguno. Pero aún así, no debemos quedarnos de brazos cruzados, ni con la boca callada, ni con el ordenador parado. Debemos denunciar, denunciar y denunciar mediante cualquier medio y en cualquier tribuna que se nos proponga. No admitir la complicidad a la que conducen la indiferencia y el miedo. Y analizarnos, analizar, divulgar el psicoanálisis y formar analistas que continúen con nuestra comprometida militancia. Y no admitir ninguna neutralidad posible ante la perversión generalizada.

Nunca más oportunas las palabras de Ayn Rand, autora de la  novela Atlas Shrugged , traducida al español como La rebelión de Atlas , una suerte de anticipo de lo que nos está pasando: 'Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias mas que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad esta condenada'.

¿Qué aplicación tienen las afirmaciones de Jacques Alain-Miller : "no hay clínica sin ética" y "no hay clínica del sujeto sin clínica de la civilización"? ¿Cuál es hoy el malestar en la civilización? ¿Puede haber calidad de vida sin psicoanálisis y sin psicoanalistas que tomen como parte de su tarea la permanente denuncia de la perversión generalizada que caracteriza a nuestra civilización? Actuar con la certidumbre que acompañó a Lacan durante toda su vida y su enseñanza: la de que ser freudiano implica no desentenderse del horizonte de la época que a cada analista le toca vivir.

En la era del neoliberalismo y de la globalización, la política y la militancia han entrado en un proceso, de cambios y transformaciones, para los que no nos sirven los modelos clásicos del siglo pasado. Al menos no en la Unión Europea. Ya no cabe la lucha destinada a intentar subvertir el orden institucional vigente. Las instituciones y las leyes nos valen. Y cuando no nos valen, las propias leyes e instituciones tienen establecidos los procedimientos para poder modificarlas dentro del mismo orden establecido. La globalización no es ni buena ni mala, es  el modo como la sociedad se va a desarrollar en el futuro próximo. El problema es el cómo, en qué dirección se va a desarrollar. Independientemente de los gobiernos de turno, el poder está en manos del neoliberalismo, una concepción ideológica economicista para la cual no hay sociedades, ni naciones, ni pueblos, ni tradiciones, ni culturas, ni humanidad, ni sujeto. Solo existe el mercado, y para imponer sus “leyes” todos los medios son “lícitos”.

Quizás debamos reflexionar acerca de la trampa en la que hayamos podido caer al haber aceptado ser parte de las Ciencias, Ciencias Humanas, Ciencias Políticas, Ciencias Sociales, etc. Ya Husserl, en Krisis , obsesionado por el nazismo y su locura científica nos advirtió sobre lo absurdo y peligroso de pretender tratar al ser humano como objeto de una ciencia. Que no corresponde importar para el conocimiento del ser humano las conceptualizaciones que éste ha creado para poder conocer el mundo de los objetos y el cosmos y que lo que vale para la ciencia no vale para el ser humano. No hemos prestado oídos a Husserl y el resultado es que los dueños del mercado pretenden arrebatarnos nuestra condición de sujetos para tratarnos como meros objetos de consumo, a nosotros, a nuestro trabajo y a nuestros cuerpos. Que no somos la suma de las células y órganos que nos componen, tal como nos pretenden tratar. Baltasar Gracián escribió: “Visto un león, vistos todos, y vista una oveja vistas todas; pero visto un hombre, no está visto sino uno y aún ese no bien conocido”.

Mi inédita experiencia de haber sido citado para ser escuchado en Bruselas a raíz de mi denuncia, me permitió adquirir el conocimiento de que hay un amplio margen y posibilidades para la militancia política en los organismos de la Unión Europea que son desconocidos e infrautilizados por sus ciudadanos, y que debemos tenerlos en cuenta en nuestros objetivos, porque son más accesibles y democráticos que los organismos de nuestros gobiernos nacionales. A continuación se desencadenó un desbordante proceso de adhesiones, apoyos, colaboraciones y envíos de documentación desde todos los rincones del planeta que actualmente se acercan a las 3.000.

Hemos recibido comunicaciones, tanto de la Secretaría de la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo como de europarlamentarios, de que el procedimiento de denuncia contra la Comisión Europea por corruptela y falta de transparencia, se mantiene abierto y continúa. Estamos intentando llevar adelante la Plataforma como una organización colectiva espontánea descentralizada de la que cada uno y cada una os constituyáis en portavoces de esta lucha contra la medicalización de la infancia y de la vida cotidiana. Hemos recibido ideas, propuestas y ofrecimientos. En distintas ciudades del mundo  se están organizando actividades dedicadas al tema. Se están promoviendo conferencias y Mesas Redondas, se han publicado artículos y reportajes y los textos han sido colgados en más de 200 blogs y páginas web.  Somos y podemos más de lo que creemos. Si os mantenéis atentos a la información de los medios, verificaréis que estamos consiguiendo generar una opinión pública internacional en contra de la abusiva administración no solo de fluoxetina, sino también de paroxetina, de metilfenidato, de antipsicóticos y antiepilépticos en la infancia. Continúan llegando todos los días adhesiones con palabras de aliento, información y proyectos de actividades. Ya circulan por la red traducciones de los textos de la Plataforma en francés, inglés, italiano, portugués, ruso, danés, hebreo, búlgaro, catalán y euskera.

La lucha de la Plataforma debe continuar hasta conseguir que la administración de medicamentos se adecúe equilibradamente a las estrictas necesidades del paciente, con precaución por los posibles riesgos de los afectos adversos. Que su autorización esté garantizada por investigaciones y pruebas efectuadas por organismos competentes, libres de toda sospecha de connivencia con la industria farmacéutica. Que la medicación se prescriba en caso de enfermedad y no para compensar los inevitables desequilibrios en los estados de ánimo y comportamientos que inevitablemente produce la vida cotidiana y que requieren abordajes distintos a los medicamentosos. Que se sancione y erradique la corrupción alimentada por la industria farmacéutica. Están abiertos los caminos en todas las direcciones. En la dimensión de lo local, en relación a colegios, hospitales, colectivos profesionales y de cualquier otro tipo, ante organismos oficiales como ayuntamientos y otros, ante autoridades nacionales como ministerios, diputados, senadores e incluso organismos internacionales. Tenemos que llevar adelante la Plataforma como una organización de la que cada uno y cada una seáis voceros de esta lucha política contra esta dramática medicalización de la infancia y de la vida cotidiana. Nuestra campaña no cuestiona a los médicos ni a la medicina sino a los que desvirtúan y transgreden los propios juramentos hipocráticos.

La medicalización de la infancia es un problema político de primer orden que requiere una respuesta política. En la era del neoliberalismo y de la globalización, la política y la militancia han entrado en un proceso de cambios y transformaciones, para los que no nos sirven los modelos clásicos del siglo pasado. Al menos no en la Unión Europea. Ya no cabe la lucha destinada a intentar subvertir el orden institucional vigente. Las instituciones y las leyes nos valen. Y cuando no nos valen, las propias leyes e instituciones tienen establecidos los procedimientos para poder modificarlas dentro del mismo orden establecido. La globalización no es ni buena ni mala, es el modo como la sociedad se va a desarrollar en el futuro próximo. El problema es el cómo, en qué dirección se va a desarrollar. Independientemente de los gobiernos de turno, el poder está en manos del neoliberalismo, una concepción ideológica economicista para la cual no hay sociedades, ni naciones, ni pueblos, ni tradiciones, ni culturas, ni humanidad, ni sujeto. Solo existe el mercado, y para imponer sus "leyes" todos los medios son "lícitos". Ese neoliberalismo es el que orienta las políticas de la industria farmacéutica. Por éso, esta lucha es política, y por éso, este es un discurso político, cuyo objetivo es fortalecer a un movimiento ciudadano que pretende conseguir que no se drogue a los niños con fluoxetina, ni tampoco con paroxetina, ni con metilfenidato, ni con ninguna sustancia que pueda producirles más riesgos y más reacciones adversas que beneficios comprobados.

Espero que mis palabras de hoy os hagan pensar, os hagan formularos preguntas y os hagan saber que hay un psicoanálisis y psicoanalistas comprometidos con la lucha por la libertad, la democracia, la justicia y los derechos y la dignidad humanas que el neoliberalismo y la sociedad de mercado están poniendo en grave riesgo.

“Hay un movimiento internacional silencioso que está transformando el mundo. Igual que ha habido una revolución industrial y también una revolución tecnológica, ésta va a ser una revolución a nivel mental y espiritual. Quizá nosotros no vivamos la explosión de conciencia y despertar que permitirá cambiar la situación de enorme injusticia y locura del mundo en el que vivimos, pero estoy seguro de que llegará. Y nosotros debemos ser provocadores, facilitadores de ese despertar. Nuestra labor debe realizarse desde la humildad y al mismo tiempo con la máxima ambición. Tenemos una antorcha que debemos mantener iluminada para pasarla a la nueva generación, hasta que esa explosión espiritual y mental transforme y despierte al mundo”.

Muchas gracias

Juan Pundik

Málaga, 5 de junio de 2008

Página Principal